Mis Novelas de a Duro

LA ORGÍA DEL CASERÓN

LA ORGÍA DEL CASERÓN

Autor: Ralph Barby

Año: 1975

Colección: Selección Terror de Bruguera, número 120

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Pensabais que os habíais librado de mí, ¿eh? Pues he vuelto tras este largo parón y con intención de quedarme. Vamos con la lectura de otra obra de Ralph Barby, que nunca decepciona.

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Empezamos bien:

La noche era cerrada, tan cerrada que oprimía algo dentro del cuerpo, lo mismo podía ser un órgano que el estado anímico.

Ralph, yo no es por tocarte la moral nada más arrancar, pero no es lo mismo una depresión que un retortijón de barriga.

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Están profanando una tumba en un cementerio.

La mano derecha de Maximilian Blade se hallaba hundida en uno de los bolsillos del abrigo. Aquello era áspero y horrible...

En vez de con una orgía en un caserón, arranca en pleno cementerio con una másturbación. La cosa promete.

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Maximilian Blade apretaba y apretaba hacia el fondo del bolsillo de su abrigo, como si temiera que de un instante a otro no pudiera ya esconderlo y saltara hacia arriba, sorprendiéndole incluso a él mismo que sabía lo que era aquello.

Yo no es que quiera ser malpensada, pero es que me lo están poniendo a huevo.

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-Maldita sea, esta tumba hace por lo menos dos meses que tiene la tierra echada- se lamentó uno de los hombres, sepulturero de día, béodo de noche.

Como Belle de Jour, pero en versión de Albacete.

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-¿Qué espera encontrar dentro?- le preguntó el más viejo.

A ver, Paco, estás cavando en una tumba. ¿Qué crees que podría haber dentro? ¿La colección primavera-verano de El Corte Inglés?

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Allí estaba el cuerpo que se corrompía, el cadáver agusanado de Horace Pathros, de aquel hombre al que Maximilian Blade había conocido en vida.

Pues resulta que el muerto está decapitado y su cabeza es muy, muy pequeña. Está clavada al tronco para que no se le caiga, algo que sin duda preocupaba mucho al muerto.

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Nos presentan al que supongo que será el prota, un tal Leonard Blade, joven millonario que, en un acto de rebeldía contra sus conservadores progenitores, de joven se apuntó al ejército durante un tiempo.

Vamos, una rebeldía inigualable, como si Abascal tuviera un hijo y se le hiciera del Opus.

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Leonardo, además de una tortuga ninja, ahora es periodista. Su hermano pequeño, Maximilian, le ha enviado un telegrama diciendo que lo necesita. Y allá que va nuestro Leonard con sus anchas espaldas a ver a su filiforme hermanito.

Descubrió a su hermano encajado en una mullida butaca de cuero negro de alto respaldo y grandes orejeras. No armonizaba con el aire modernista de la decoración.

Ralph, corazón, Maximilian no tiene que ir a juego con los muebles, que es una persona, no una otomana.

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Eres como una langosta, siempre saltando de una parte a otra, de país en país.

¡Oigh, sí! Las langostas turistas invaden los hoteles en cuanto llega Agosto. Como los ingleses, pero sin balconing.

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Resulta que Maximilian, que como es muy largo lo dejaré en Maxi de ahora en adelante, ha pedido a su hermano que recorra medio mundo para ir a verlo porque ha tenido una pesadilla y tiene miedito.

¿Qué pasa, Maxi? ¿No podías bajar tú solo a la farmacia a por un Alprazolam?

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Maxi le cuenta a Leo que sueña lo del primer capítulo, lo de la tumba. Le dice que sabe que todo es real, no como en Los Serrano. Y tiene pruebas:

Del interior de la caja extrajo una de aquellas cabezas reducidas, obra de los jíbaros de Sudamérica o dayaks de Borneo y que solían venderse a los turistas.

¿Por qué coleccionar sellos cuando puedes coleccionar cabezas?

Henri Sanson, verdugo de María Antonieta

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A Maxi le acaba de llegar otra caja. Supongo que no vino por Seur, porque llegó cuando estaba en casa.

Con la uña de su pulgar, Leonard Blade cortó las cintas adhesivas que la cerraban.

¡Caray con la navaja suiza que tiene por uña! Este se hurga la nariz y por accidente se autotrepana el cerebro.

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Le ha llegado una cabeza reducida de mujer.

Acto seguido, visitan un chalet, supongo que perteneciente a la Laura cuya cabeza reducida ahora forma parte de la colección de Muzzy, digoooo Maxi.

Está cerrado a cal y canto, hasta con ventanas y cerradura precintadas con cinta adhesiva.

-Han clausurado la casa- observó Maximilian nervioso.

A ver, no nos precipitemos. A lo mejor solo han salido a por el pan.

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Maxi le cuenta a su hermano que allí vivían dos amigas, Laura y Linda.

-Creo que se intercambiaban hasta la ropa más íntima aunque estuviera marcada.

Es todo lo que sabemos de las dos féminas, que esto es un bolsilibro y aquí hay que resumir e ir a lo importante.

Espero que antes de compartir los tangas les dieran un buen lavado.

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Nada, pues resulta que les dicen que Laura ha muerto unos días atrás.

Habiendo recibido su cabeza en una caja era imposible de prever.

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La princesa no está en este castill... ¡Digooooo! Linda ya no vive allí. Se ha trasladado a otro apartamento.

Resulta que el encargado de la urbanización tiene una caja para Linda y, ya que Maxi y Leo van a ir a verla a su nuevo hogar, se la da.

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Leo le da un somnífero a su hermano y lo deja durmiendo en el coche mientras sube a ver a Linda, que nada más llegar le frota los pechos y le intenta dar un morreo.

Ahora ya sé lo que tengo que hacer con mi próxima visita para ser una buena anfitriona: ofrecerle Ferrero Roché y pasarle por el morro los pechotes. Voy a destilar un glamour que ríete tú de la Preysler.

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En el piso hay fotos sugerentes de Linda cubriendo las paredes, la decoración habitual de toda casa de buen gusto que se precie.

Lo que sí era cierto era que Linda Perkins tenía sexy.

¿Cómo que tenía sexy? Será sexy o tendrá sex appeal, señor Barby.

¿Qué será lo siguiente? ¿Será exuberantes pechos y tendrá guapa? ¿Será aliento femenino y tendrá estúpida?

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Vestía un mono-pantie de jersey, totalmente ceñido a su cuerpo y de color amarillo.

Nunca había visto describir como sexy el ir disfrazada de plátano de Canarias.

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Linda Perkins fumaba tan abundantemente que podía parecer uno de aquellos grabados en los que se representaba a las locomotoras pioneras del Oeste, que echaban humo y vapor por todos sus intersticios.

Entre lo de ir disfrazada de banana y echar humo hasta por el culo, Ralph Barby sí que sabía como describir a una mujer para que resultase atractiva. Mis tres lectores habituales seguro que se están tocando ahora mismo.

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Linda le cuenta que es modelo y que se presentó a un concurso de belleza, pero que no llegó ni a la final.

-¿El jurado era de ciegos?

Si hubiera sido de ciegos, al tacto, no me hubiera ido mal la cosa. Puedes cerrar los ojos y probar, verás el efecto.

Oh, no, suelo marearme cuando cierro los ojos y hay mucha curva delante de mí.

Leonard la observaba desde una perspectiva más alta y pensó que en el concurso de belleza debían de haberla rechazado por los pechos. No era frecuente que una chica, por aquellos días, los tuviera tan abultados como ella; sin embargo, eran fuertes y erectos.

Ahora descubro que no hubo tetas grandes desde el origen de los tiempos hasta 1975. Tiempos aciagos aquellos.

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Resulta que a Linda le han enviado otra cabeza de Laura. No, no tenía dos, es que resulta que son reproducciones de plástico.

Por lo que nos cuenta la modelo de gran pechonalidad, Laura murió por la picadura de una viuda negra, por eso la casa estaba precintada tras una fumigación.

¿Qué? ¿Cómo que tengo que dejar de fumar cosas raras? ¡Yo no tengo la culpa de que esta novela no tenga ningún sentido!

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-Es que solo son cabezas de plástico y eso lo puede hacer cualquiera con una máquina de moldear plástico.

Linda, precursora de las impresoras 3D.

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Linda comienza a contarle a Leo que todo comenzó cuando un tal Jimmy Crow las contrató a ella y a Laura para animar la fiesta de un millonario llamado Saturn Rophiel, que no sabemos quién es pero que nos la suda.

La fiesta contaba con diez personas a las que se llevaron al caserón, donde encontraron a cuatro mujeres viejas vestidas de negro a las que nos describen como esperpénticas psicópatas regresivas y patéticas.

Yo es que al autor me lo imagino por la calle señalando con el dedo a cualquier mujer que pase de 30 al grito de ¡Una vieja! ¿Cómo osa? ¡Guardias, guardias! ¡A prisión! ¡A la picota!

Y, por fin, aparece Sega Saturn, digo, Saturn Rophiel, que a partir de ahora lo llamaré Raphael, el de la fiesta nocturna.

¿Qué pasará? ¿Qué misterios habrá? Puede ser mi gran nocheeeee.

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Sus ojos eran intensos y su cráneo, desnudo de cabello.

A partir de ahora recuerda que no eres calvo, tienes el cráneo desnudo de cabello. Igual que no estás gordo, sino que estás relleno de amor. Y yo no soy bajita, solo me encuentro en formato comprimido para ahorrar espacio.

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Un médico invitado se dirige a Raphael de una forma tan ruda que es un escándaloooo, es un escándalooooo:

-Parece que, además de millonario, es usted un ser despótico, exigente y caprichoso.

Pasapalabra: Con la D, la E y la C, descripción de un millonario estándar.

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No nos cuentan qué pasó en el caserón porque solo llevamos 30 páginas y, con tan poco, Bruguera no soltaba la paga, así que el autor envía a Leo a hablar con el Raphael de Wisconsin, que no suelta prenda porque no le gustan las entrevistas, siempre con la misma rutina, nos vemos por las esquinas, evitando el qué diráaaaan.

Y el millonario se va tras amenazarlo. Porque Raphael da mucho miedo a todo el mundo menos a Leo, que además de ser muy macho, sabe que tiene protección de guion.

Como no ha conseguido nada del tirano, nuestro machótico y viril protagonista intenta sonsacar qué ocurrió en la fiesta a Babby, la buenorra secretaria de Raphael, que casualmente pasaba por allí y de la que descubre que es inteligente por la forma que tiene de empolvarse la nariz, test que lleva empleándose desde el origen de los tiempos para evaluar el coeficiente intelectual de la peña.

Ella no le cuenta nada, pero lo salva de una paliza de los matones de Raphael.

-¿Por qué me has salvado de la paliza, Babby?

Seguro que no ha sido por instinto maternal.

-Es un alivio, así me libro del complejo de Edipo- respondió él, acariciándola con su intensa mirada.

Yo a un tío como este no lo dejo acariciarme ni por wifi robado.

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A Babby no le agrada que en la casa de Linda haya chorrimil fotos de la modelo muy ligera de ropa, pero el autor es de otra opinión:

Linda tenía derecho a contemplar su propia belleza, una belleza exuberante muy del gusto de los hombres que habían rebasado los cincuenta y de los jóvenes que no habían llegado a los veinte.

¿Es que al cumplir los 21 dejan de gustarte los pechotes y no te vuelven a gustar hasta los 51? ¿Va implícito en el ADN o algo? ¿Algún lector de los tres que tengo que se ofrezca a sacarme de tan abrumadora duda?

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Resulta que Linda se había desmayado, claaaaro, por eso el autor pudo meter un relleno de veinte páginas de la nada más absoluta mientras volvía en sí.

Ya está despierta y Maxi también. Babby y Leonard también están en la casa de Linda, cual familia feliz.

Resulta que a los dos hermanos les gusta Babby. ¡Chan chaaaaan!

Aunque no tengo ninguna duda de con quién se va a quedar la curvilinea moza, si con el señoro macho muy macho de anchas espaldas o con el sosegado esmirriado, después de haber tenido un sesudo debate con su coñ...

(se la llevan)

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Dentro de su bolso portaba los blocs de notas, algo de correspondencia y los objetos usuales en una mujer, como algo de polvos para quitar la brillantez de la punta de la nariz si hacía falta, un peine y una lima de uñas.

Pues bien que Babby le podía prestar la lima a Leo para que pueda dejar de cortar cinta aislante con la uña, que he tenido cúters que cortaban menos.

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Tenemos a Babby en su casa, en un vaporoso salto de cama que realza su sensual y femenina figura, punto vital para la trama, llamando a Leo para darle la lista de invitados de la fiesta. Cuando va a cogerla de su bolso, se da cuenta de que una araña está intentando salir de él.

En el siguiente párrafo, está en una cafetería tomando algo con nuestro viril y feromónico galán, que le pregunta si sabe algún secreto de Raphael, además del de por qué no ganó Eurovisión en el 66.

-No soy una chantajista, si estás pensando eso.

-Yo no pienso nada.

¡No jodas! ¿En serio? ¡Me pinchas y no sangro!

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La tomó de la mano cuando ella se hubo bebido el licor de un trago, no vaciló en hacerlo. Después, dócilmente, como si estuviera siendo domesticada, Babby salió a la calle con el hombre.

Luego se la lleva, sin que sepamos el motivo, a un almacén donde disecan animales.

¡Ah! ¡Ya no existe un romanticismo así!

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Resulta que Leo, tras consultar en su bola de cristal, ha descubierto que el taxidermista tenía un terrario de arañas mortales y que supuestamente quedó abierto y se le escaparon.

La policía creyó mejor guardar silencio para que no cundiera el pánico porque por la ciudad pudiera haber centenares de viudas negras de las de ocho patas. Supongo que el jefe de policía era australiano y no le pareció alarmante ni digno de mención.

En el resto del mundo aquello era una plaga de consecuencias mortales. En Australia solo era jueves.

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La policía cree que pudo ser un descuido del taxidermista o de su ayudante.

-Se llama Charly Bronson.

Ralph, si Charles Bronson se hubiese dejado el terrario abierto, las arañas por puro pánico se habrían quedado en su sitio y hasta lo habrían vuelto a cerrar.

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Le devuelven la viuda negra al taxidermista. Babby la llevaba en el bolso de mano, como quien lleva un paquete de kleenex.

Para hacer semejante temeridad, no sé si es que Babby tiene dos ovarios como dos campanos o si es que directamente tiene menos luces que una narcolancha.

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Por fin, Babby cuenta lo que pasó en la cena. Raphael les contó lo de yo soy aquel... que descendía de Nathaniel Rophiel, quemado por brujo.

Drogó a todos los de la cena y confesó que en cada décimo aniversario del sacrificio, mataba a un descendiente de los que quemaron a Nathaniel.

Pero esta vez había pensado hacer algo especial por el segundo centenario de la muerte de Nathaniel, así que cazó un brujo jíbaro como quien se va a comprar un kilo de bígaros, e instó a que los presentes lo quemaran vivo. Como estaban drogados, lo hicieron sin dudarlo.

Vamos, vamos. Aquí no hemos venido a juzgar. ¿En su juventud quién no ha quemado vivo a un brujo jíbaro en una noche de borrachera? Le puede pasar a cualquiera.

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Babby y Leo están juntos en casa de ella. Flirtean, incapaces de resistirse a la pasión se acuestan y hasta hablan de matrimonio.

¡Pues sí que es eficaz una cita en un almacén de taxidermia! Tomad nota la próxima vez que no sepáis cómo sorprender a vuestras parejas con algo romántico.

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Babby teme que pueda ser causa de disputas entre los dos hermanos por gustarle a ambos. La pobre ilusa no sabe que Maxi ya no se acuerda de su existencia siquiera:

Después observó a Maximilian, pero este se hallaba entretenido mirando a Linda y particularmente una zona muy opulenta de su anatomía.

Con lo cual podemos deducir que tiene menos de veinte años o más de cincuenta, ¿no? ¿No?

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Vuelven al caserón en avión, donde Raphael los espera. Que sepáis que, digan lo que digan los demáaaaaaas, el millonario sí los hizo quemar al brujo pero no mató a nadie más. El que reducía cabezas resulta que era Maxi que, sin que nadie se dé cuenta, se ha bajado del avión con una caja con un montón de viudas negras que le tira encima a Raphael, supongo que porque no le gustó su último recopilatorio de grandes éxitos.

Luego, mientras las arañas saborean carne de millonario, nos cuentan que el brujo lanzó una maldición que cayó sobre Maxi y que por eso iba matando a todo el mundo.

Llega la policía, a la que nadie ha llamado, y cose a balazos a Maxi, que no muere. Todo esto, repito, mientras un montón de arañas mortales corretea entre el grupo.

Maxi sale de la casa, se sube a una pira que estaba allí preparada porque cuando Raphael hace una barbacoa, la hace a lo bestia, tira un mechero y todo arde instantáneamente como si le hubieran echado litros de gasolina.

FIN

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Por cierto, esta novela se llama "La orgía del caserón".

Es de suponer que va a haber una orgía en un caserón.

Yo esperaba una orgía en un caserón.

Pasé 96 páginas esperando por una orgía en un caserón.

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¡Emosido engañado!

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Diversión: Tira más de paja que un adolescente hiperhormonado.

Nivel de erotismo: Hombreeeeeee, habiendo una cita en un taller de taxidermia, no se había visto nada más erótico desde Emmanuelle.

Nivel de giliflautadas: Cuando cometas una estupidez, recuerda que Babby se paseó por la ciudad con una araña mortal en el bolso de mano.

Cerebro del reparto: Más del esperado. ¡Barby, me has decepcionado!

¡Hasta la próxima, bolsilibronautas!